Próximos a las elecciones de medio término del primer mandato del presidente Donald Trump, la izquierda liberal, los vaciladores, enredados, débiles sociales, pandereteros y cualquier enjambre y cochambre afín continúa llorando por los rincones sin sobreponerse al resultado electoral de hace poco más de dos años.
Este tiempo ha sido gastado en discursos, acosos, atentados, sabotajes, intimidaciones, agresiones, aplicación de la censura contra quienes apoyan abiertamente la política del presidente. Han querido sacarle de la Casa Blanca tratando de involucrarlo con alianzas ilegales o poco éticas con los rusos, putas y más de uno hasta con Satanás. No importa que la economía esté mejor que en los últimos 20 años, que el desempleo marque mínimos históricos, incluso para minorías como negros o latinos. No importa que Trump salga por el mundo a reclamar el espacio que EEUU merece y hable con fuerza o fuerce a líderes a negociar, desde una democrática Alemania hasta una esquizofrénica dictadura como la de Corea del Norte. No importa que se preocupe por su país y sus ciudadanos, intentando llevar tranquilidad y prosperidad a los mismos a través de beneficios fiscales o el hacer cumplir leyes migratorias. Para todos estos desarraigados mentales, cualquier cosa que Trump haga es malo, y si es bueno, es porque algo malo tendrá en mente o es consecuencia de algo bueno antes hecho por Obama. Es enfermizo y ya lo están diagnosticando.
Pero cuando creía que la pataleta de colectivizados sociales en razas, géneros, subgéneros y degenerados; en ideologías y patologías y seguidores carnavalescos, plañideros y soplacaños era de por sí demasiado, entro en contacto con una nueva dosis de realidad. Resulta que lleva haciéndose desde hace un tiempo un ritual de brujería masiva contra el presidente Trump, intentando involucrar a los adeptos, ineptos y siniestros que puedan meter en el saco.


En el medio de esta singular batalla, encontramos hombres de fe que nos clarifican al respecto. Es así como el padre Vincent Lampert, exorcista de la Arquidiócesis de Indianápolis lo explica: "Los hechizos pueden tener poder, pero no viene de Dios. Cualquiera que se atreva a decir que quiere desafiar a Dios está utilizando el poder del mal como propio. Deben darse cuenta de que no podemos usar al diablo; el diablo nos utiliza. La gente no puede controlarlo y el diablo termina usándolos para sus propios fines. Los hechizos sólo tienen efecto en las personas que son espiritualmente débiles." John Esseff, de la Diócesis de Scraton, Filadelfia, es más directo: "No están contra Trump en realidad sino contra Jesús (Cristo). Cualquiera que empiece a poner a Dios en su lugar va a tener las fuerzas del infierno en su contra."
